ELECCIONES CHILENAS : PUNTO DE INFLEXIÓN
Los chilenos -como ya lo hicieran en otras oportunidades- tienen hoy la posibilidad histórica de marcar un punto de inflexión electoral en el avance de las izquierdas continentales, paralelo al punto de inflexión político que significó la serie de escándalos en el gobierno del presidente Lula da Silva, en Brasil
Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales chilenas mostraron que el candidato del centro y de la derecha posee un caudal de votos suficiente como para aspirar a vencer a la candidata socialista en la segunda vuelta del día 15 de enero próximo.
Se trata de una tarea política difícil, porque los márgenes son estrechos, y constituye al mismo tiempo un deber moral delante del propio Chile y del contexto latinoamericano. En efecto, si los chilenos fueron capaces en el pasado de resurgir, de ordenarse y de alcanzar una estabilidad y una prosperidad envidiables, al punto de servir de ejemplo en ese campo, tienen hoy nuevamente la posibilidad de dar a América Latina y al mundo una una saludable lección de equilibrio y sensatez. Chile podrá servir así de importante contrapeso al riesgo de un desvío populista que parece acentuarse en el continente con los resultados de las recientes elecciones en Bolivia y con el posible desenlace de las elecciones presidenciales de abril próximo en Perú, si continúa el ascenso en los sondeos electorales del coronel Ollanta Humala, el llamado "Chávez peruano", que ya bordea el 22% de las intenciones de voto.
En este contexto, los chilenos tienen entonces esa posibilidad histórica de marcar un punto de inflexión electoral en el avance de las izquierdas continentales, paralelo al punto de inflexión político que ha significado la serie de escándalos en el gobierno del presidente brasileño Lula y en su Partido de los Trabajadores, al punto que está comprometida su aspiración a un segundo mandato, en las próximas elecciones de noviembre.Este punto es controvertible, ya que si bien hubo unos escándalos en torno al presidente Lula da Silva, el apoyo de USA luego de la IV Cumbre nos traerá sorpresas.
En Chile, Michelle Bachelet, una pediatra de 54 años, militante socialista, obtuvo un 45% de los votos, lo que sin duda no es poco. Pero su trayectoria en las preferencias de los chilenos parece ir descendiendo. Hasta hace algunos meses atrás, los sondeos de opinión indicaban que se impondría en primera vuelta. Sin embargo, a partir de noviembre comenzó a bajar. Un camino ascendente, inverso al de Bachelet, ha sido el que viene recorriendo el empresario Sebastián Piñera, defensor de la propiedad y del libre mercado, cuya candidatura fue lanzada a mediados de 2005, obteniendo en la primera vuelta un 25%. En tercer lugar se situó el ingeniero Joaquín Lavín, candidato de la derecha, con un 23%. Y en cuarto, Tomás Hirsch, con un 5%, apoyado por un heterogéneo espectro de comunistas, ecologistas y "antisistemas" en general.
Una frase pronunciada por Michelle Bachelet en la noche del 11 de diciembre pasado, al conocerse los resultados de la primera vuelta, podría ser un punto de meditación para los chilenos respecto del pensamiento real de la candidata: "Cuando la Concertación (el conjunto de los partidos de izquierda que la apoya) sale a la calle, la derecha se pone a temblar". Algunos observadores chilenos hicieron notar que con esa frase la Sra. Bachelet agitó los fantasmas de la "vía chilena al socialismo" del presidente Allende, que destrozó las estructuras políticas, sociales y económicas , llevando a la nación trasandina a un abismo del cual se escapó casi por milagro. Recordemos que esa "vía chilena al socialismo" todavía tiene sus consecuencias, 32 años después.
No obstante, la "vía chilena al socialismo" de la candidata de izquierda parece apostar más en el deterioro de las estructuras morales, mentales y psicológicas de la nación, en una estrategia gradualista, de "revolución cultural", afín con la propugnada por influyentes corrientes del Foro Social Mundial. Dicha estrategia gradualista, inyectando dosis adecuadas de anestesias y adormecimientos psicosociales, pretende evitar las reacciones que en la década de 1970 provocó Allende y que terminaron precipitando su caída. En ese sentido, tal como analizó con perspicacia el periodista Rafael Gumucio en reciente artículo para el periódico The New York Times, en Chile, para que el país camine hacia la izquerda sin sobresaltos, inclusive para llevar trás de sí o por lo menos neutralizar a los sectores más conservadores del catolicismo de ese país, se precisa una apariencia de que las cosas permanecen iguales.
Es muy probable que gane la Sra. Bachelet, por muy pocos puntos porcentuales, lo que implica que deberá gobernar teniendo muy presente a la oposición. Tanto Piñera como Lavín, pero en especial Lavín, son hombres duros de derecha y que cuentan con el apoyo de las Fuerzas Armadas. Cualquiera de las instituciones militares no son proclives a los acercamientos con los gobiernos de izquierda y han apoyado y apoyan al General Pinochet. Debemos resaltar que las Fuerzas Armadas chilenas están muy bien pertrechadas, tienen una instrucción excelente y están motivadas.
Gane quien gane, deberá estructurar un equilibrio en la sociedad de forma tal que no ocurra lo que ya ocurrió hace poco más de un cuarto de siglo. Hay muchos chilenos que tienen muy presente ese pasado y no creo que quieran repetirlo, así es que si es la Sra. Bachelet la próxima Presidente de la República de Chile, deberá manejarse con mucho aplomo en el tema militar y de los derechos humanos, a pesar de las influencias del Foro Social Mundial; deberá tener en cuenta la singularidad de las características de la sociedad chilena.
Alvaro Kröger
lunes, 11 de diciembre de 2006
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