lunes, 11 de diciembre de 2006

El sonido de otra campana

EL SONIDO DE OTRA
CAMPANA

Acerca de papeleras, papelones y
subdesarrollo autoinducido




Con muy fuerte componente mediático recientemente tomó estado público una
protesta pública realizada en Entre Ríos, en contra de la instalación de
fábricas papeleras en Uruguay, a la vera del río homónimo.

Tal como es una ya inveterada costumbre de la amplia mayoría de los medios
televisivos, cuando de un tema ambiental se trata, "los medios" tienen una
acentuada tendencia a mostrar solo un enfoque, constantemente favorable a
todo tipo de reclamos, sin analizar la lógica, la fundamentación, y menos
aún intentar hacer oír "la otra campana".

Resultó muy claro observar que la metodología de protesta es la típica de
Greenpeace: muchas pancartas, muchas frases rimbombantes, muchas "denuncias"
de peligros potenciales casi nunca demostrados, muchas "frases hechas" muy
pegajosas que "enganchan" a mucha gente de buena voluntad pero no entendida
en el tema, etc. Hasta en los estadios de fútbol de Buenos Aires se vieron
las consabidas pancartas de "No a las papeleras".

Pero tal como decía Don Arturo Jauretche, hay que intentar "verle las patas
a la sota", o "ver que se traen abajo del poncho". Tal como siempre repito a
mis alumnos, es imprescindible utilizar la metodología de la duda permanente
como base de los análisis, no dando por supuesto nada hasta que se haya
sometido a análisis, así sea el del más elemental sentido común.

Los ultra ambientalistas por definición, y acordes a los dogmas del "Club De
Roma" se oponen a todo lo que implique desarrollo socio económico, siendo de
hecho partidarios y "punta de lanza" de la aplicación de la terrible
filosofía del "crecimiento cero"...aplicable justamente y con la mayor
crudeza a los países subdesarrollados. Eso en buen romance significa ni más
ni menos que condenarnos al subdesarrollo crónico, lo cual equivale a la
miseria crónica en su más abyecta dimensión de degradación humana. Ni más ni
menos que un genocidio masivo a escala planetaria...excepto en los opulentos
países de la "Sociedad Post Industrial".

Tal como puede constatarse, los movimientos ultraecologistas se oponen
prácticamente a toda nueva industria, a toda nueva gran obra pública, a la
soja transgénica ("casualmente" hoy la mayor fuente de divisas de Argentina)
y un largo etcétera. ¡¡¡Pero no ofrecen ninguna alternativa válida para el
desarrollo y la creación de nuevas fuentes de empleos, excepto la remanida
frase de los supuestos "extraordinarios potenciales turísticos", como si
solo con eso podría asegurarse trabajo digno para todos!!!.

Podemos constatar que los países serios por supuesto explotan el turismo,
pero no por ello se niegan al desarrollo industrial ni a la creciente
modernización y ampliación de sus obras de infraestructura. Así lo
demuestran Brasil, España, Suiza, otros países de la Unión Europea, EEUU, y
un largo etcétera.

En el otro extremo podemos citar a países con condiciones naturales
excepcionales para el turismo, como República Dominicana y otros estados
isleños del Caribe, que explotan el turismo pero carecen de otras
alternativas importantes de generación de empleo. En la mayoría de esos
países la miseria socio económica es la constante; pues sus desarrollos
tecnológicos e industriales son bajísimos o inexistentes. Es decir que el
turismo por si solo no es suficiente para generar trabajo abundante para
todos, así sea complementado con otras "alternativas ecológicas de
producción".

En Misiones tenemos tres grandes fábricas celulósicas y papeleras. Cada una
de ellas es un factor de primerísima importancia para la generación de
muchos puestos de trabajo en sus zonas de influencia; trabajos que por lo
general -al ser especializados- tienen niveles de retribución bastante por
encima de la media salarial vigente en esta querida pero empobrecida
provincia.

Aquí que conocemos los efectos positivos de estos grandes conglomerados
industriales, con seguridad a ninguno de los empedernidos y dogmáticos
ultraecologistas (que también hay por estos lares) se les ocurriría montar
una marcha de repudio contra las papeleras, ¡pues sería un verdadero
papelón! (valga el juego de palabras), pues de seguro no contarían con
muchos adeptos.

Menos aún se les ocurriría esa parodia de democracia que son los plebiscitos
prearmados, en los que a la gente se la satura con una sola idea fija del NO
a todo lo nuevo y NO al progreso.

Mas aún, en Misiones los usualmente muy ruidosos ecologistas antirrepresas,
son notablemente callados aún para protestar en contra de los efluentes que
las papeleras han volcado por años a nuestro majestuoso Río Paraná.

Esos efluentes contaminantes se volcaron en grandes cantidades al río (los
he visto y pude sentir sus penetrantes y desagradables emanaciones de
olores, en algún raíd náutico realizado entre Iguazú y Posadas. Pero sin
duda que tienen que existir los medios técnicos para impedir el volcado de
esos efluentes, tratándolos adecuadamente en las plantas industriales antes
de ser liberados a la atmósfera y a las aguas. ¡Pero de allí a pasar al
disparate de pedir el cierre de las plantas celulósicas y papeleras, hay una
enorme diferencia!

Pretender impedir una importantísima inversión (la mayor que ha recibido
Uruguay) y la generación de 4.000 puestos de trabajo directo, en lugar de
exigir todas las medidas de cuidados ambientales (que pueden y deben
realizarse), evidentemente es una monstruosa incoherencia.

Pero debe hacerse notar que ese "papelón" ha sido también protagonizado por
las actuales autoridades de Entre Ríos, y precisamente por el mismo
gobernador que pocos años atrás se prestó al juego de política de muy bajo
vuelo, perfectamente funcional con el ultraecologismo, que significó la Ley
Antirrepresas de Entre Ríos. La misma ley que en su momento abortó la
construcción de Paraná Medio, eliminando una enorme fuente potencial de
limpia energía hidroeléctrica, la cual, ¡oh paradoja!, tuvo que ser
reemplazado por varias usinas termoeléctricas alimentadas con petróleo o
gas, y por ende mucho más contaminantes; además de quemar recursos naturales
no renovables y no abundantes en Argentina.

En todo este aquelarre vergonzoso, deben destacarse algunos hechos muy
significativos:



El sepulcral silencio de la enorme mayoría de nuestra dirigencia política de
nivel nacional, provincial y municipal (estas dos últimas consideradas en
las distintas provincias y municipios). En algún caso las opiniones no
salieron de los "clichés" preestablecidos y "políti-camente aceptables",
aunque signifiquen barbaridades técnicas sin sustento.



Referente a lo anterior, el generalmente muy pobre nivel de información
seria y bien fundamentada que maneja buena parte de nuestros diversos
niveles dirigenciales (incluyendo a los estamentos políticos, gremiales,
académicos, empresariales, de "fuerzas vivas", etc).



La clara tendenciosidad proclive al ultraambientalismo de los medios de
difusión de cobertura nacional, principalmente la TV; seguramente muy
influenciados por los extensos y seguramente muy bien pagos minutos de
publicidad directa y encubierta, que deben solventar las transnacionales de
la ecología.



La carencia -desde hace muchos años- y sólo parcialmente revertida en este
período presidencial, de una clara y fuerte política industrialista. A
propósito, ¿no hubiese sido mejor que los cuatro mil nuevos puestos de
trabajo se hayan creado del lado argentino, en vez de las reclamaciones
huecas, que solo ahuyentan inversiones y no generan alternativas válidas de
trabajo bien remunerado en gran escala?



El fundamentalismo ecologista sigue siendo usado como la excusa perfecta
para concretar el subdesarrollo autoinducido; haciendo olvidar a nuestro
pueblo la imperiosa necesidad de concretar un fuerte proceso de desarrollo
socio económico autosustentable, para el cual el desarrollo tecnológico e
industrial, así como las grandes obras de infraestructura, son piezas
vitales e imprescindibles. Lo contrario es condenarnos a la miseria
estructural y al subdesarrollo crónico, prolegómenos claros de la
subsecuente disgregación nacional; proceso al cual contribuye el pobre nivel
actual de la educación argentina en los tres niveles, sobre todo a partir de
las nefastas "reformas educativas" implementadas en las últimas dos décadas.



¿Pueden esos señores fundamentalistas de la ecología, los políticos
oportunistas que les hacen el juego, y la buena gente que ingenuamente se
prende de esos reclamos, explicarnos como reemplazarán al papel, si se
oponen frontal y totalmente a toda planta industrial celulósica y papelera?
¿O volveremos a los papiros, las tablillas de arcilla y las escrituras
toscas sobre piedras?


¡Argentina, despierta de tu largo letargo! ¡Argentinos, manos a la obra!
¡Podemos y debemos construir un gran país!

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