EL PACTO DE SANTIAGO Y EL PACTO DE MUNICH
Con asombro vemos que la la reunión de los Presidentes de Uruguay y Argentina a realizarse ayer en Anchorena no se realizó por problemas de índole de fondo por parte de los argentinos.
Estas idas y venidas me traen a la memoria los sucesos que finalizaron en el Pacto de Munich.
Pequeña reseña histórica
En 1933, Adolf Hitler asume como Canciller de la República de Weimar democráticamente. El Presidente de dicha República, el honorabilísimo y héroe de guerra conde von Heidenburg, hombre duro, recto y real exponente de la nobleza prusiana, aceptó el veredicto de las urnas a regañadientes, pero lo aceptó.
Lamentablemente el Conde von Heindenburg murió a los pocos meses de la asunción de Hitler como Canciller, y éste mediante un decreto se transforma en la cabeza del Estado; incendia el Reichtag (Parlamento), e impone una política por todos conocida.
Lo primero que hace es comenzar a rearmar a sus fuerzas armadas, hace planes de obras públicas para disminuír el desempleo construyendo las famosas Autobhan, que aún existen, y que no eran más que carreteras muy bien construídas no para uso civil sino para el rápido desplazamiento de sus fuerzas acorazadas.
Los aliados ganadores de la Primera Guerra Mundial le habían impuesto a Alemania unos duros términos políticos y económicos, hechos que causaron un descalabro social y sobre ese descalabro es que se afirma la figura de Hitler.
Los vencedores, una vez terminada la guerra, se fueron desvinculando del problema, hecho que aprovechó Alemania para construír buques de guerra que tenían expresamente prohibido hacer, entrenar al personal de la Luftwaffe en la Unión Soviética y entrenar a un poderoso ejército bajo el subterfugio de organizaciones juveniles.
Francia, haciendo la vista gorda deja la militarización de la cuenca del Rhur, zona de importacia vital para la producción de carbón imprescindible para que Krupp y Eissen fabricaran sus armas.
Poco a poco la voracidad alemana va exigiendo territorios que se van incorporando a ella (los Sudetes).
Meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra se dá cuenta de cómo viene la mano y su Primer Ministro Lord Chamberlain inicia una serie de gestiones para apaciguar los ánimos, temiendo otra guerra europea. Lord Chamberlain, hombre bueno, inocentón y poco político
, se deja convencer por Hitler y Mussolini con promesas de que todo lo que tenía que pedir Alemania ya estaba en sus manos y momentáneamente el fantasma de la guerra desapareció.
El 1º de setiembre de 1939, Alemania y la Unión Soviética invaden Polonia y se la reparten alegremente, según el tratado von Ribbentrop-Molotov de agosto de 1939.
Así fue engañado lord Chamberlain, por ser un hombre honesto, que creyó que las promesas de sus interlocutores valían tanto como la palabra suya.
Diferente hubiese sido la historia si en lugar de lord Chamberlain, hubiese estado de Primer Ministro lord Marlborough , sir Winston Churchill, descendiente directo del general Jhon Churchill, cuyas tropas inventaron la conocida canción "Mambrú se fue a la guerra" en honor a él.
Las similitudes
El pasado 11 de marzo los Presidentes de Uruguay y Argentina, en la transferencia de mando en Chile, acordaron realizar entrevistas a alto nivel para destrabar el tema de las plantas de pulpa de celulosa. El Dr. Vázquez fue muy criticado aquí en Uruguay, porque según las gente "se había bajado los pantalones". El que escribe no es un devoto creyente del partido de gobierno, por el contraio es un ácido crítico, pero en este caso quiebro una lanza por él ya que cuando el Presidente de todos los uruguayos toma una desición no lo hace por cobardía, lo hace pensando en su país. La jugada política de Vázquez fue muchísimo más inteligente que lo que muchos piensan: le dió espacio político a Kirchner para que solucionara sus problemas políticos internos y el Uruguay quedaba como un generoso vecino, comprensivo de los hechos que tenían acorralado al Poder Político argentino en manos de 20 extremistas.
El Pacto de Santiago fue solamente el acuerdo entre dos Presidentes en comenzar a tomarse las cosas en serio. Nuestro Presidente, cumplió su palabra; habló con las empresas propietarias de las fábricas y ambas estuvieron de acuerdo de que suspenderían las obras por un plazo máximo de 90 días.
En dicho pacto ambos presidentes acordaron convocar a los especialistas de ambos países y contratar a algunos otros de fama reconocida mundialmente; sin ambientalistas y sin Greepeace.
Asuntos puramente técnicos, discutidos por técnicos, con lenguaje técnico y sin intervenciones de política de pacotilla, como son las 20 o 30 viejas sentadas en Gualegaychú sobre la ruta 136 (Fernández Huidobro dixit).
Hasta el día martes pasado todo parecía estar en órden y la reunión se realizaría para hacer un memorandum de trabajo que luego ajustarían los técnicos. Esto fue acordado por Fernández & Fernández, uno nuestro y otro argentino.
Imprevistamente el gobierno argentino, decide posponer la reunión. Causas: que el Uruguay iba a imponer sus condiciones. Hecho inaceptable para un argentino piquetero; pero si se iba a hacer una reunión para acordar los términos de un acuerdo, ¿cómo el Uruguay iba a imponer sus condiciones?.
El hecho real es que el gobierno argentino, a pesar de que el Dr. Vázquez le dió espacio político (y por ello muy criticado) a Kirchner, éste no pudo o no supo o no quizo, aprovechar la oportunidad.
Los uruguayos somos tipos pacientes, generosos, buenos vecinos, pero ya esta situación está enfureciendo a nuestros compatriotas; y con toda la razón, hemos hecho lo que los argentinos querían que hiciéramos para formalizar un acuerdo (y tuvo sus costos políticos), una vez concretadas las paralizaciones de las obras, los argentinos se niegan al diálogo, porque dicen que Ence sigue trabajando; cuando lo que ésta empresa lo que está haciendo no es más que el trabajo de caminería, no está haciendo nada en su planta.
Tanto las empresas, como los sub-contratistas y los trabajadores, se habían puesto de acuerdo en parar las obras a la espera de las resoluciones de los Presidentes.
Ahora seguirán trabajando hasta que los volátiles argentinos se dignen a hablar, y se pongan de acuerdo ellos de que es lo que quieren. Los uruguayos sabemos perfectamente que es lo que queremos y podremos hacer algún ajuste mínimo, como emplazar de lado argentino una cabina de monitoreo en tiempo real.
Pero que les quede bien claro a los que deben tomar desiciones del lado argentino: las plantas se harán les guste o no; la ingerencia en nuestra soberanía terminó para siempre, desde ahora nos deberán tratar de igual a igual, no por el tamaño de los territorios sino porque tenemos la autoridad moral y ética que ellos no tienen.
En este momento la palabra la tiene Argentina; Uruguay está dispuesto al diálogo, ha hecho los gestos que le dieron al gobierno argentino espacio para arreglar sus asuntos internos.....pero el tiempo se está acabando, nuestra paciencia también.
Y parafraseando al gran Julio César:
¿Hasta cuando, oh Catilina, abusaréis de nuestra paciencia?
Alvaro Kröger
lunes, 11 de diciembre de 2006
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