Comunistas disfrazados, uníos
El marxismo es antidemócrata, antipatriótico y violento.
Cuando hablando ante sus tropas dijera el presidente Uribe que los
colombianos habrían de escoger entre la Seguridad Democrática y la entrega
de la Patria a los comunistas disfrazados, se armó Troya. Por donde nos
enteramos, con ingrata sorpresa, que la verdad está desterrada del debate,
que los comunistas existen pero que es malo recordarlo, y que no es cortés
precisar que lo suyo no es la democracia, ni la paz ni el patriotismo.
Carlos Gaviria no ha tenido la delicadeza de explicar en esta campaña su
credo político. Pero tenemos entendido que es fiel discípulo de Carlos Marx,
lo que puede ser una incorrección política, pero no está prohibido. De sus
amigos más cercanos, no cabe ninguna duda. A partir de su segundo en la
lista del Senado, nadie menos que el Secretario del Partido Comunista de
Colombia, pasando por la plana mayor de sus camaradas, la lista de
militantes de ese partido, o de otros afines inequívocamente inspirados en
los dogmas de El capital y El manifiesto, es bastante larga. Sus sentencias
como Magistrado de la Corte Constitucional no dejan dudas. Así, su desprecio
por las superestructuras burguesas, como la religión, la familia, la moral
cristiana, no es solamente evidente, sino pertinaz y agresivo. Su
enfrentamiento con la economía liberal, siendo tan poco lo que de economía
entiende, resulta manifiesto. Su ataque contra todos los intentos de la
sociedad burguesa por protegerse de los peores peligros que la acechan, como
el narcotráfico, continuo y virulento. Si alguno lo defendiera subrayando
sus inclinaciones platónicas, le recordaríamos que Karl Popper, uno de los
pensadores cumbres del pensamiento liberal del siglo XX, probó que Platón y
Hegel fueron los dos mayores enemigos de la sociedad abierta. En suma, que
Gaviria es marxista, lo que significa históricamente comunista y que si no
lo fuera tendría tiempo para desmentirlo y culpar por errados a sus amigos
de andanzas electorales. Su discípulo de ayer, el presidente Uribe, tiene
por qué conocer los pasos de su maestro.
Siendo así las cosas, parecería extraño que Gaviria se molestara porque le
dijeran antidemócrata. El marxismo supone la revuelta contra los ideales de
la democracia, porque la lucha de clases deberá abrirle paso a la dictadura
del proletariado. Para ser más exactos, al despotismo del proletariado, que
fue el término usado por Marx en el Manifiesto de 1848. Y la democracia no
es solo cuestión de origen del poder, sino de ejercicio del mismo. Rousseau
será siempre un totalitario, así funde en las mayorías el sofisma de la
voluntad popular.
No pueden los comunistas indignarse porque les digan antipatriotas. El
comunista es un sueño de unión de los proletarios para destruir todas las
patrias, engendro de la burguesía, y para construir su mundo transversal de
lucha contra el Estado, la Religión, la Familia, la Moral y cuanto suponen
los ideales liberales. La Guerra Patriótica de Stalin fue una impostura
gigantesca, un renunciamiento doloroso y maquiavélico para enfrentar al
Nacionalismo Alemán, el sedicente Nacionalismo Soviético. Los marxistas no
tienen Patria, ni pueden tenerla, sin renunciar al profeta.
Y menos se comprende que los enoje la acusación de que quieren usar la
violencia en lugar de buscar la paz. Démosle paso a su propia Biblia, el
Manifiesto comunista:
"Los comunistas desdeñan disimular sus ideas y sus proyectos. Declaran
abiertamente que no pueden alcanzar sus objetivos más que destruyendo por la
violencia el antiguo orden social. ¡Tiemblen las clases dirigentes a la idea
de una revolución comunista! Los proletarios no tienen nada que perder en
ella, a excepción de sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.
¡Proletarios de todos los países, uníos!".
¿De qué se queja, pues, el doctor Gaviria?
lunes, 11 de diciembre de 2006
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